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domingo, 4 de febrero de 2018

Los reinos germánicos de Occidente en el siglo V

Como algunas fuentes de la época nos indican, hubo un enfrentamiento real entre germanos y romanos, pero esta causa no fue suficiente para evitar la fusión de ambas culturas. Sin embargo, entre las muchas causas que propiciaron este enfrentamiento secular destacan las diferencias religiosas tras la cristianización del Imperio. Dejando como cuestión aparte los pueblos germanos paganos (francos, alamanes, anglos, sajones, jutos…), que no representaron especial problema para el catolicismo, pues solo fomentaron su espíritu de evangelización y de predicación, la dificultad mayor residió en los pueblos de religión arriana. La extensión del arrianismo entre los godos fue tardía, a fines del siglo IV, y otros pueblos se adhirieron a él aún más tarde, después de haberse iniciado las grandes invasiones del siglo siguiente. Por esto, el arrianismo no caló hondo entre los pueblos germánicos y fue, más que otra cosa, un signo de diferenciación con respecto a los romanos (católicos) y una forma de evitar su asimilación mediante la creación de una Iglesia nacional con un clero propio. En general, el arrianismo fue una religión no misionera y pacífica, como lo prueba la actitud de los burgundios y los ostrogodos ante los católicos. Otra cosa fueron los vándalos. Ahora bien, la persecución arriana contra los católicos hispanorromanos en la época de Leovigildo (568–586) y en el África del Norte ocupada por los vándalos de Genserico, respondió más a motivaciones políticas que a fanatismos religiosos. En el primer caso existen implicaciones de posibles intervenciones francas o bizantinas en la Península, unidas al levantamiento de su hijo Hermenegildo, apoyado en la Bética —Andalucía— de población mayoritariamente hispanorromana. Aunque también hay que admitir la posibilidad de que Leovigildo intentara alcanzar la unidad religiosa a base del arrianismo durante el período 570–580, unidad que realizaría finalmente su hijo Recadero en 587, pero en favor del catolicismo. La persecución de los vándalos se debió principalmente a los propósitos de expoliar los bienes de los estamentos más ricos, como era el eclesiástico. En consecuencia, esta lucha económico–religiosa, que unió a propietarios laicos y a Bizancio, fue pretexto más que un verdadero motivo (440–495). La actitud de los lombardos en Italia respondió a las mismas motivaciones de los vándalos, pero con menor virulencia. Otro motivo de diferenciación fue la separación jurídica, generalmente admitida, debido al deseo de no ser absorbidos rápidamente por la mayoría romana. Esta distinta legislación respondió a una tolerancia mutua originada en la concesión hecha por el Imperio para que los germanos siguieran rigiéndose por sus propias leyes. Como consecuencia, los germanos no se creyeron en la necesidad de regirse por el código imperial, que además los romanos ya no estaban en condiciones de imponerles por la fuerza. A cada individuo se le aplicaba la ley que le correspondía por nacimiento. Sin embargo, esta barrera se fue superando a través del tiempo al incorporar a una y otra legislación disposiciones de la contraria. De esta manera las diferencias se fueron suavizando.
Asimismo, hay que mencionar el establecimiento de los germanos en las tierras de propietarios romanos según el foedus y, más concretamente según el principio de la «hospitalidad», por el que un grupo bárbaro recibía la asignación de una propiedad rural romana para proporcionarse alimentos y vivienda. Esta forma de usufructo salvaba las confiscaciones y hacía al bárbaro conservador de aquellas tierras. Así entre los grandes propietarios romanos y la aristocracia germana, transformada en territorial, se establecieron contactos que fueron factor activo de asimilación. Aunque al principio, según una ley promulgada por los emperadores Valentiniano y Valente (370–375), estaba prohibido bajo pena de muerte el matrimonio entre bárbaros y romanos e incluso algunos pueblos germanos, como los visigodos y los ostrogodos, adoptaron esta ley, en realidad se celebraban los matrimonios mixtos. Pero, en cambio, no cabe hablar de diferenciaciones por superioridades raciales. En menor grado hay que mencionar la diversidad de costumbres y formas de vida entre bárbaros y romanos; pero paulatinamente esta diferenciación fue despareciendo y transformándose más bien en distinción de clases sociales que de pueblos. En definitiva, aunque se encontraron dos concepciones distintas, la germánica y la romana, ambas subsistieron con diversa vitalidad. En algunas regiones se puede hablar de una supremacía de una sobre la otra, pero siempre con influencias del otro elemento. Todos los reinos medievales de Occidente fueron fruto directo de la fusión entre la civilización germánica, el cristianismo y el legado de Grecia y Roma. La principal institución sobre la que se apoyaban los pueblos germanos al realizar las invasiones era la realeza. Esta institución acrecentará su prestigio y su poder, que llegará a ser casi absoluto. Aunque en un primer momento la figura del rey solo tendrá tal carácter para sus respectivos pueblos, a finales del siglo V dejará de ser únicamente el caudillo de las fuerzas bárbaras para convertirse, incluso para las poblaciones romanas, en la autoridad máxima de cada territorio. En principio, la sucesión del rey tenía carácter electivo, pero luego cambiaría su naturaleza según cada reino germánico. Así, entre los francos la realeza quedó asegurada para los descendientes de Clodoveo; entre los vándalos para el familiar de Genserico de mayor edad, con el fin de evitar la inestabilidad de las regencias, y entre los visigodos fue una preocupación constante de sus reyes el obtener el principio hereditario. En muchos casos se tenía un sentido patrimonial del reino, como entre los merovingios, que repartían el reino entre sus hijos para que cada uno de ellos pudiera disfrutar de sus rentas. En cambio, otras veces se distinguía el patrimonio del monarca del patrimonio de la Corona. Generalmente la corte carecía de aparatosidad y burocracia, llegándose al caso de cortes ambulantes sin residencia fija. Algo totalmente opuesto al lujo y al boato que presidía la corte de Constantinopla.
Las nuevas circunstancias hicieron que paulatinamente dejaran de realizarse entre los germanos las acostumbradas asambleas nacionales. Cada vez se fueron espaciando más en el tiempo hasta desaparecer, como entre los visigodos, pues los concilios de Toledo respondieron a otra casuística o se transformaron en ceremoniales como los Campus Martius entre los francos. Los acostumbraban ir acompañados de unos cómites, que llegaron a formar una guardia personal —los gardingos en la monarquía visigoda; individuos de uno de los Órdenes del oficio palatino, pero inferior a los duques y condes—, unidos por un juramento de fidelidad. Por otro lado, estos mismos cómites al permanecer al lado del monarca recogieron para sí muchas de las funciones reales e incluso alcanzaron de hecho el poder real, como ocurrió entre los francos, cuyos «mayordomos de palacio» derrocaron al rey en su propio beneficio. Este fue el caso de Pipino el Breve en el 751. En su mayoría, los nuevos estados germanos unieron los servicios de tipo doméstico de origen germano con los organismos heredados del Imperio. Hay que mencionar los propósitos del rey ostrogodo Teodorico, que pretendía organizar la península Itálica mediante dos organizaciones administrativas paralelas, la romana y la germánica, unidas en la persona del rey y de algunos organismos. La falta de una preparación y la ausencia de un personal capacitado por parte de los germanos hicieron que el aparato administrativo romano prosiguiera todavía durante algún tiempo. Asimismo, principalmente entre los visigodos, ostrogodos, vándalos y burgundios, los romanos siguieron viviendo en las ciudades, mientras a los germanos se les reservaba el estamento militar. Pero pronto desaparecería este exclusivismo, pues, a excepción de los reinos ostrogodo y vándalo, el servicio militar se extendió también a los romanos. Las antiguas divisiones administrativas romanas se conservaron a veces, pero en su mayoría tendieron a desaparecer. Un cargo muy importante en la vida de los nuevos reinos germanos fue el de comes civitatis. El conde era el representante del rey y como tal administraba justicia. Además los condes eran los jefes militares de los municipios y otros territorios de su jurisdicción, y reunían en su persona tanto la autoridad civil como militar. El sistema financiero se nutrió principalmente del impuesto territorial, que solo afectaba a los romanos. La acuñación de moneda propia, no imitada de las monedas del Imperio, se hizo tardíamente, a mediados del siglo VI. La importancia de la organización de los reinos germánicos es manifiesta, ya que de ella nacieron la vida y la sociedad medievales en Europa occidental como consecuencia inmediata de las grandes invasiones del siglo V.


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