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domingo, 8 de julio de 2018

¿Quién fue Judas de Gamala?


Al este del lago Genesaret, rebautizado como Tiberíades por Herodes Antipas para congraciarse con el emperador Tiberio, y también a veces pomposamente llamado «mar de Galilea», se encuentra una montaña coronada por una especie de giba, de donde proviene su nombre, dado que gamal significaba en arameo camello. En la cima de dicha giba hay un pueblo, que antaño fue una aldea muy grande, un verdadero nido de águilas, cuyo nombre es Gamala. En su juventud, Flavio Josefo fue «gobernador de Galilea y de Gamala…» (Flavio Josefo, Guerras de los Judíos, Libro II, 11). La importancia de dicha plaza fuerte viene subrayada por el hecho de que se la cite aparte. Veamos lo que dice de ella nuestro celebérrimo autor, con ocasión de la campaña de Vespasiano:
«Después de la toma de Jopata, todos los galileos que habían escapado a los brazos de los romanos se entregaron a ellos. Entonces éstos ocuparon todas las plazas, excepto Gischala y el monte Itabyrios (el Tabor). A los insumisos se añadió también Gamala, ciudad de los Tariqueos, situada en la parte alta del lago, allá donde finalizaba el reino de Agripa, y limitaba con Sogoné y Seleucia, y con la zona en la que se encuentra también el lago de Semechonitis. Tiene sesenta verstas de anchura, y llega hasta el pueblo llamado Dafne, que es bellísimo, y es donde están las fuentes de las que nace el río Jordán, bajo el templo de la Vaca de Oro [uno de los Becerros de Oro de Jeroboam; 1Reyes, 12, 29], antes de llegar al gran Jordán. Agripa, al elegir a estas plazas y concederles su fe, las había pacificado.
»Pero Gamala no se sometía, confiando en su solidez, ya que el suelo era rocoso y la ciudad se levantaba sobre un contrafuerte, como sobre un cuello y dos hombros, lo cual le daba apariencia de un camello. Pero se la denominó Gamal, ya que las gentes del país no podían llamarla por su verdadero nombre de Kamil (pronunciación galilea de Gamal), porque detestaban a dicho animal (en griego kamélos).
»Por sus flancos y de frente había precipicios sin fondo; por detrás no estaba fortificada, pero los habitantes la habían reforzado mediante un profundo foso. En cuanto a las viviendas, las habían construido extremadamente compactas en el interior de la plaza, y habían perforado pozos en el otro extremo de la ciudad.
»Por muy fuerte que fuera esa plaza, Flavio Josefo todavía la fortificó más, levantó murallas sólidas, y construyó conductos subterráneos a fin de que se pudiera circular también bajo tierra».
Pero a pesar de esta situación extraordinaria para su defensa, Gamala fue tomada por Tito, hijo de Vespasiano, el día 23 del mes de Hiperberetaios, es decir, el 10 de noviembre de año 67 de nuestra Era, tres años antes de la caída de Jerusalén. Hubo cuatro mil judíos muertos, y cinco mil se lanzaron a los precipicios. Sólo escaparon dos mujeres, las hijas de una hermana de Felipe, que era uno de los generales de Agripa II. Pero este asalto había costado la vida a once mil legionarios romanos (casi dos legiones completas) incluidos los auxiliares extranjeros.
Antes había sido tomada ya con Gaulana, Seleucia y Farega, cuando Aretas, rey de los árabes nabateos, se convirtió en rey de Coelesiria, marchó contra Judea, venció a Alejandro Janeo, y luego firmó la paz con él. Entonces, una vez aliados, Alejandro Janeo atacó y se apoderó de esas cuatro ciudades. Esto tuvo lugar aproximadamente hacia el año 80 a.C.
Así era la ciudad que dio su nombre al verdadero padre de Jesús, el caudillo judío de la Revolución del Censo, Judas el Galileo (Hechos, 5, 37), también llamado Judas el Gaulanita, o Judas de Gamala: «Después de él (Teudas) se levantó Judas el Galileo en los días del censo, y arrastró al pueblo tras de sí. Más él pereció, y todos cuantos había tenido confianza en él fueron dispersados…» (Hechos, 5, 37).
«En el año 42 del reinado de Augusto, y en el 28 de la sumisión de Egipto y de la muerte de Antonio y Cleopatra , en que acabó la dominación de los Ptolomeos sobre Egipto, nació nuestro Señor y Salvador Jesucristo, en el tiempo del primer censo, cuando Quirino gobernaba sobre Siria…» (Eusebio de Cesarea, Historia Eclesiástica, Libro I, V, 2 y Lucas, 2, 1-5).
«Judas, Gaulanita de una ciudad llamada Gamala, tomó a su lado al fariseo Sadoq y empujó al pueblo a la rebelión. Decían que el censo no servía para otra cosa que para conducir directamente a la servidumbre, e incitaban al pueblo a que defendiera su libertad…» (Flavio Josefo, Antigüedades de los Judíos, XVIII, 4).
«Entonces un Galileo llamado Judas impulsó a sus compatriotas a la rebelión, reprochándoles que aceptaran pagar impuestos a los romanos y que soportaran a unos dueños mortales, que no eran Dios…» (Flavio Josefo, Guerras de los Judíos, II, 18).
«Había asimismo un tal Judas, hijo de Ezequías, aquel temible cabecilla de bandoleros a quien antaño Herodes no consiguiera aprehender sino tras las mayores dificultades. Ese Judas reunió alrededor de Séforis, en Galilea, una tropa de desesperados y efectuó una incursión en el palacio real. Se apoderó de todas las armas que encontraron allí, equipó con ellas a todos cuantos le rodeaban, y se levó todas las riquezas que había recogido en dicho lugar. Aterrorizaba a todo el contorno a causa de sus incursiones y sus saqueos, que tenían como meta alcanzar una elevada fortuna e incluso los honores de la realeza, ya que esperaba elevarse a dicha dignidad, aunque no mediante la práctica de la virtud, sino precisamente mediante los excesos de su injusticia…» (Flavio Josefo, Antigüedades de los Judíos, XVII, 10).
Flavio Josefo acababa de precisar con esto que Judas de Galilea era el hijo de Ezequías, de quien se dice que era el cabecilla de un «temible grupo de bandoleros». Pues bien, en un capítulo previo, el propio Josefo nos ofrece curiosas precisiones sobre el fin de Ezequías. Hagamos un pequeño resumen cronológico: En el 46 a.C., Herodes, segundo hijo de Antípater (Antípatro el Idumeo), era gobernador de Galilea por orden de César. Tras innumerables persecuciones y combates, sus tropas consiguieron capturar a Ezequías, que por entonces causaba estragos en Siria, que en aquellos tiempos era romana. Herodes lo mandó crucificar. Inmediatamente, éste fue citado para que compareciera ante Hircano, Sumo Pontífice de Israel, quien le reprochó vehementemente la muerte de Ezequías. Herodes consiguió hacerse absolver, tanto gracias a una buena defensa como a la sombra enfurecida de Roma, a la que Hircano no se atrevía a enfrentarse. Y llegados a este punto, se plantea una cuestión: ¿cómo pudo sentirse indignado el Pontífice de Israel por el hecho de que Herodes hubiera ajusticiado a un cabecilla de bandoleros? Pues simplemente porque ese «bandolero», en realidad, era un jefe de estirpe real, un descendiente de los Macabeos-Asmoneos y porque ese rey en potencia había recibido previamente la unción, y su bandolerismo era en realidad una guerrilla organizada que venía combatiendo de forma casi ininterrumpida desde el año 166 a.C. cuando los llamados a sí mismos Consagrados a Dios los hasidim al mando de Judas Macabeo y sus hermanos libraron una terrible guerra civil contra los judíos helenizados que contaban con el apoyo del rey grecosirio Antíoco IV Epífanes que pretendía convertir Jerusalén en una ciudad griega, prohibiendo el culto a Yahvé, así como todos los ritos judíos, y consagrando el Templo al dios Zeus.
Dos años después, en el 164 a.C. la guerra civil ya se había extendido por todo el país, y los Macabeos refundaron el Reino de Judea (no de Israel) como Estado independiente. Y ése es el «Linaje Sagrado» al que Jesús Barrabás [Yeshua Bar-Abba] y los suyos pertenecían, el de los Macabeos-Asmoneos, los hasidim, que en el año 150 a.C. lograron expulsar a los grecosirios, y a los judíos helenizados de Jerusalén.
En el año 129 a.C. tras la caída del reino Seléucida de Siria, el reino de Judea adquiere plena autonomía y se hacen con las riendas del poder los Asmoneos, partidarios de favorecer al clero saduceo, en detrimento de los fariseos que habían sido los grandes protagonistas de la revuelta inicial protagonizada por los Macabeos. En el año 110 a.C. el Rey-Sacerdote Juan Hircano I, conquista Idumea, de población árabe, y Samaria, escindida por dos veces de Judea, la última en el siglo VI a.C. tras el regreso de los descendientes de los judíos (no israelitas) deportados a Babilonia en el 587 a.C. por Nabucodonosor. Israel no existía desde el 722 a.C. tras la conquista asiria.
En el 105 a.C. otro Rey-Sacerdote, Alejandro Janeo, intenta poner fin al cisma religioso que enfrenta a fariseos y saduceos, ordenando crucificar a 3.000 de los primeros y beneficiando ampliamente a los saduceos. Damos un pequeño salto en el tiempo y nos vamos al momento en que se produce la intervención romana. En el 63 a.C. el general Cneo Pompeyo derrotó al rey Mitrídates VI del Ponto y como consecuencia de ello Siria se convirtió en una provincia romana. A continuación, Pompeyo se dirigió a Judea, para asegurar el área. Una vez allí, se encontró con que el país se hallaba inmerso en una guerra civil. Aristóbulo que estaba sitiado en Jerusalén por su hermano Hircano, solicitó la intervención romana, ofreciéndole una generosa recompensa a Cneo Pompeyo, que aceptó el general romano. Luego Aristóbulo acusó a los romanos de extorsión, lo que originó que Pompeyo instalara en el trono a Hircano y desde entonces Judea y Galilea se convirtieron en protectorados de Roma. Obsérvese que hablamos de dos provincias distintas: Galilea al norte (Israel) y Judea al sur (antiguo reino de Judá) y de protectorado no de provincias anexionadas.
Damos otro pequeño salto en el tiempo y nos vamos hasta el año 47 a.C., Antípatro el Idumeo sucedió a Hircano como rey (árabe) de Judea, siendo confirmado por Julio César. Al morir Antípatro en el 44 a.C., precisamente el mismo año que Julio César, su hijo, Herodes I el Grande fue nombrado gobernador por el Senado romano y rey de Judea en el 39 a.C. En el año 31 a.C. Marco Antonio, generalísimo del Imperio oriental, le confirmó en el cargo, y finalizada la guerra civil romana que le enfrentó con Octavio, de la que el segundo resultó vencedor, y ya convertido en Augusto, confirmó a Herodes I el Grande en su trono. A lo largo de sus treinta y cinco años de reinado, Herodes vivió obsesionado con la idea de que se preparaban conjuras contra él y asesinó a varios miembros de su familia, especialmente de la rama judía, la de los Macabeos-Asmoneos con los que había emparentado por razones de Estado. Tal fue el destino que corrieron los príncipes Aristóbulo y Alejandro ahogados por su padre en el 6 a.C., o el sumo sacerdote Simón Boetos.
Ese comportamiento de Herodes el Grande, exterminado sistemáticamente a los Macabeos-Asmoneos, herederos legítimos del trono de Judea, el Reino que ellos mismos habían refundado un siglo antes, como era de esperar, disgustó a los supervivientes que no tardaron en rebelarse contra Herodes acaudillados por Ezequías, padre de Judas de Gamala, y abuelo de Yeshua Bar-Abba, alias Jesús Barrabás todos ellos Asmoneos (sacerdotes) antiguos aliados de los Macabeos (reyes). Ni David ni Salomón pintaban nada en todo este asunto. La referencia a ellos no es más que otra cortina de humo para distraernos de lo que realmente importaba a Jesús: recuperar su Reino, por otra parte, de este mundo.
Cuando Herodes murió en el año 4 a.C., Judea fue dividida entre sus hijos que se convirtieron en tetrarcas. No obstante, repasemos un detalle referido a Arquelao, tetrarca de Judea, Samaria e Idumea, deportado a la Galia en el 6 d.C., por orden de Augusto. Arquelao fue tetrarca de Judea, Samaria e Idumea, tres países distintos: Judea, con población mayoritariamente judía y de ésa religión, capital en Jerusalén. Samaria, escindida del resto de la nación judía, por segunda vez en el siglo VI a.C., cuando recibió las oleadas de inmigrantes judíos repatriados y excautivos en Babilonia y que los demás judíos consideraron impuros. De todas formas la primera escisión, como Israel se había producido en el siglo X a.C. Idumea, de población árabe helenizada convertida al judaísmo a la fuerza por los Asmoneos en el siglo II a.C. También había acogido a muchos judíos griegos durante las guerras civiles de esa época (ss. II-I a.C.).
Galilea, patria de Judas de Gamala, uno de los generales de Aristóbulo (padre de Agripa, que nacerá en Belén), quedó bajo jurisdicción de Antipas, y cuando Augusto ordenó inventariar los bienes del rey Arquelao –sucesor de Herodes- para embargarlos, y censar a sus súbditos galileos, éstos se rebelaron contra Roma y contra Antipas. Estos duros galileos del norte son israelitas no judíos. De ahí el escaso éxito que Jesús tiene entre los judíos ortodoxos del sur. La capital de Israel (II Reino) fue Samaria, no Jerusalén. De ahí también la particular forma de practicar su judaísmo por parte de Jesús. Ahora recuérdese que en el seno de la familia de los Macabeos (reyes fariseos) y Asmoneos (sumos sacerdotes saduceos) ya existían importantes disensiones antes de la llegada de los Herodianos, los terceros en discordia, árabes idumeos helenizados y, que habían aceptado su conversión forzosa al judaísmo en el siglo II a.C. para eludir su exterminio.
Yeshua Bar-Abba [Jesús Barrabás] deberá lidiar con las tres facciones, a veces aliadas, a veces enfrentadas. De ahí que su discurso pueda parecer errático, intentando complacer a unos y a otros, para obtener su apoyo. Es una partida a tres bandas, donde para eliminar a uno los otros dos deben unir sus fuerzas. Cosa que no se da. En realidad, la ocupación romana, es un aspecto secundario. Por esa razón, entre otras, Juan el Bautista, no tiene claro que sea él [Jesús] el líder idóneo y le pregunta "¿…debemos esperar a otro?" Recuérdese también que Jesús no hace nada por liberarle de su prisión en Maqueronte, y no nos referimos a un asalto armado de la inexpugnable fortaleza, hubiesen bastado unas palabras susurradas al oído de Salomé, para que la princesa intercediese ante su tío-padrastro Antipas para liberar al santón. Pero existía un inconveniente, y este era que la relación incestuosa que denunciaba Juan era la que mantenían Jesús y Salomé. ¿Por qué era incestuosa? Intentaremos despejar el enigma más adelante. Aunque anticipamos al lector que, como ya hemos señalado, una de las claves para hacerlo está en trasladar la acción que los evangelios, canónicos y apócrifos, sitúan alrededor del año 30, al año 6 d.C. cuando se produce la destitución de Arquelao, y del sumo sacerdote Yeshua Ha-Notzri [el de otro pueblo] del que nos habla el Talmud, y que nosotros sostenemos que no es otro que el Jesús de Nazaret [o Nazareno] de los evangelios, a su vez el Yeshua «Hijo de Sié» también mencionado por los talmudistas y, en definitiva, nuestro Yeshua Bar-Abba o Jesús Barrabás, que había sustituido como sumo sacerdote a Eleazar [Lázaro] hermano de Arquelao hacia el año 2-3 d.C. por sus encendidas diatribas denunciando su concubinato con Glafira, viuda de su hermanastro Alejandro, asesinado en el 7 a.C. Un episodio casi idéntico, aunque con distintos personajes, y en distinta época, al que se nos describen los evangelios.
Alguien podrá pensar que ésta es una explicación peregrina. Vayamos a la propia historia clásica: algunos historiadores latinos, en la época del Bajo Imperio (ss. III-V), confundían, como ya hemos señalado, a los tres emperadores Flavios porque tenían prácticamente el mismo nombre, y no se daba en ellos la intención de confundir o despistar, cosa que sí sucede en los evangelios, que bajo la apariencia de Escrituras Sagradas, han ocultado el relato de una lucha dinástica entre Asmoneos y Macabeos, enfrentados entre sí y a los Herodianos por el trono de una Judea feudataria de Roma. Pero no atribuimos toda la responsabilidad a los escribas cristianos, puesto que esa ocultación se inició ya en el seno del judaísmo, que prefirió pasar página discretamente y atribuir el origen de todos sus males a los ocupantes romanos. Eso es, en nuestra opinión, lo que sucedió después de la segunda Revuelta y de iniciarse la Diáspora a partir del año 135, en tiempos del emperador Adriano.
Todo esto tiende a demostrar que Judas de Gamala y su padre Ezequías no fueron unos malhechores ordinarios como pretende Flavio Josefo, sino que existió una situación de guerra sucia constante entre las diversas facciones del judaísmo, dentro de un contexto generalizado de resistencia armada contra la dominación romana, que Ezequías fue su precursor, que más tarde este movimiento estuvo dotado de una doctrina donde se sincretizaba lo religioso con lo político, y que ese mismo ideario postulaba la emancipación de Judea del Imperio Romano y la reinstauración de la monarquía teocrática de los reyes-sacerdotes Macabeos-Asmoneos; que el precursor de ese movimiento mesiánico fue Judas de Gamala, y que tuvo en Jesús, Yeshua Bar-Abba, su hijo, a su continuador. Repasemos la enumeración cronológica de los principales hechos que se desarrollaron en Judea tras la muerte de Ezequías:
En el año 6 d.C., poco después de que Judea, a la muerte de Arquelao, hijo de Herodes el Grande, pasase a ser administrada directamente por Roma, se produce el episodio del Censo, ordenado por Augusto y ejecutado por Quirino. Judas de Gamala convoca a los judíos a la rebelión, que será duramente reprimida por los romanos. Estos sucesos son relatados por Flavio Josefo en su obra Guerras Judea (Libro II, Capítulo 8); y en las Antigüedades de los Judíos (Libro XVIII). Judas de Gamala es mencionado también por Gamaliel, miembro del Sanedrín, en un discurso puesto en su boca por el autor de los Hechos de los Apóstoles (Hechos, 5, 37). Gamaliel lo utiliza como ejemplo de mesías fallido. No será el último.
Judas de Gamala dirigió un segundo asalto a la ciudad de Séforis, entonces capital de Galilea, y en esta ocasión custodiada por soldados romanos. Josefo no menciona la muerte de Judas, pero informa de que sus hijos, Santiago y Simón, fueron ejecutados por el procurador Tiberio Alejandro hacia el año 47, varios años después de la afirmación de Gamaliel. Más adelante examinaremos estos hechos en profundidad. En las Antigüedades de los Judíos, Josefo afirma también que Judas fundó, junto con el fariseo Sadoq, el movimiento de los zelotes o «Celosos de la Ley» que él consideraba la cuarta secta del judaísmo en el siglo I, junto con saduceos, fariseos y esenios. Josefo culpa a los zelotes de la Gran Revuelta Judía (66-73) y de la destrucción del Segundo Templo, el que Herodes había reconstruido sobre los cimientos del que destruyó el rey Nabucodonosor en el 587 a.C. Los zelotes predicaban que sólo Dios era el verdadero «Rey de Israel», y se negaban a pagar impuestos a los romanos.
Asimismo, en sus Antigüedades de los Judíos, Flavio Josefo, después de enumerar las distintas sectas de los judíos, nos dice lo siguiente con respecto a la cuarta, la de los zelotes fundada por Judas de Gamala: «Pero un tal Judas el Gaulanita, de la ciudad de Gamala, se acompañó de un fariseo llamado Sadoq, y se precipitó en la sedición. Pretendían que dicho Censo no traía consigo sino una servidumbre completa, y apelaban al pueblo a que reivindicara su libertad. Porque, decían, si llegaban a vencer, sería en beneficio de la fortuna adquirida, y si eran privados del bien que les quedaba, al menos obtendrían el honor y la gloria de haber mostrado grandeza de alma. Por otra parte, Dios colaboraba preferentemente en el éxito de sus proyectos si, ya que aspiraban a metas muy elevadas, no ahorraban ningún esfuerzo para alcanzarlas…
»De ahí nacieron sediciones y asesinatos políticos, tanto de conciudadanos, inmolados al furor que levantaba a unos contra los otros y a la pasión de no ceder ante sus adversarios, como a enemigos; el hambre empujaba hasta los extremismos más vergonzantes; eran tomadas y destruidas las ciudades, hasta que por fin aquella revolución entregó el Templo mismo de Dios al fuego del enemigo. Hasta tal punto el cambio de las instituciones nacionales y su perturbación influyen para llevar a la perdición a aquellos a los que alcanzan, ya que Judas de Gamala y Sadoq, al introducir y al despertar entre nosotros una cuarta secta filosófica, y al rodearse de numerosos adeptos, llenaron el país de disturbios inmediatos, y plantaron las raíces de los males que causaron allí estragos más adelante, y todo ello gracias a esa filosofía desconocida antes de ellos, y de la que quiero hablar un poco, principalmente porque el favor del que dicha secta gozó entre la juventud fue lo que causó la ruina del país…
»La cuarta secta filosófica tuvo como autor a ese Judas el Galileo. Sus sectarios concuerdan en general con la doctrina de los fariseos, pero sienten un invencible amor por la libertad, ya que juzgan que Dios es el único Rey y el único Señor. Las más extraordinarias variedades de muertes, los suplicios de sus familiares y amigos, les dejan indiferentes, con tal de no tener que designar con el nombre de dueño a ningún hombre. Como mucha gente ha sido testigo de la inquebrantable firmeza con la que sufren todos esos males, no digo más sobre ello, pues temo, no que se ponga en duda lo que he dicho respecto a ellos, sino al contrario, que mis palabras no den una idea demasiado débil del desprecio con el que aceptan y soportan el dolor. Esa locura comenzó a imperar en nuestro pueblo bajo el gobierno de Cesio Floro, quien, a causa del exceso de sus violencias, les decidió a rebelarse contra los romanos. Éstas son, pues, las sectas filosóficas que existen en el pueblo judío…» (Flavio Josefo, Antigüedades de los Judíos, XVIII, I).

Este texto de Josefo da pie a varias observaciones. En primer lugar, es erróneo decir que la secta fundada por Judas de Gamala empezó a imponerse bajo Cesio Floro, ya que éste fue procurador de Judea entre los años 64-66 y Judas de Gamala incitó a la Rebelión del Censo en el año 6 d.C., es decir, sesenta años antes. Hay que entender que dicho movimiento independentista hebreo, al que Josefo denomina secta, se desarrolló de forma considerable entre la juventud judía y fue el desencadenante último de la primera Revuelta (66-73). Pero es evidente que animó todas las sediciones intermedias, desde el año 6 hasta el 66, en cuya primera mitad de dicho periodo se desarrolló la labor mesiánica de Jesús, el primer Cristo, y en cuya segunda mitad tuvo un destacadísimo papel Saulo-Pablo, el segundo Cristo, como llamaba Jesús a su hermano gemelo Tomás en algunos textos apócrifos. Entiéndase Cristo como sinónimo de Salvador o Mesías, pero en el sentido mesiánico del término hebreo original: «Gabriel, Héroe de Dios». Un caudillo guerrero en cualquier caso como acertadamente nos describe la propia iconografía cristiana a Gabriel: un arcángel revestido con armadura y empuñando la espada. Además, en la tradición bíblica, Gabriel es a veces considerado como el «Ángel de la Muerte», un «Mensajero de Dios» o como jefe de las huestes celestiales, y en esa jerarquía militar, que nada tiene de piadosa, Yahvé, el Dios veterotestamentario hebreo, es el «Comandante en Jefe» de esos ejércitos de ángeles, en realidad, soldados espectrales, dispuestos para el combate, a los que Jesús parece invocar desde la cruz en sus últimos momentos de vida.
Nada hay de piadoso en la prédica mesiánica, germen del cristianismo. Tampoco encontraremos la compasión por ningún lado y nos lo confirma la insensibilidad que demuestran los fanatizados miembros del movimiento mesiánico ante los sufrimientos de sus propios mártires, podemos observar que tampoco los evangelios hacen mención alguna del dolor psíquico de María, su madre, al contemplar a su hijo clavado en la cruz del escarnio. Ella está allí, sin más, con algunas otras mujeres. De hecho, hay que admitir que ese integrismo religioso de carácter mesiánico no era ninguna novedad en Israel. Así, por ejemplo, en el II Libro de los Reyes vemos como Ismael, hijo de Netanías, y de estirpe real, da muerte, sin inmutarse, a Godolías y a los judíos amigos de los caldeos: «Pero en el séptimo mes llegó Ismael, hijo de Netanías, hijo de Elisama, de estirpe real, acompañado de diez hombres. Hirieron mortalmente a Godolías, así como a los judíos y a los caldeos que se encontraban con él en Misfá. Entonces todo el pueblo, grandes y pequeños, con los jefes del ejército, se levantaron y se fueron a Egipto, porque tenían miedo de los caldeos…» (2Reyes, 25, 26).
Pueden encontrarse más detalles sobre las atroces actividades del tal Ismael «de estirpe real», en Jeremías (41, 1-18). Pero el celo de ese hombre, vengador del honor de Israel, aparece de forma harto sospechosa en el capítulo precedente: «Pero Yojanán, hijo de Caréaj, y todos los jefes de las bandas armadas, que se habían dispersado por la región, se presentaron a Godolías en Misfá y le dijeron: "¿No sabes que Baalís, rey de los hijos de Ammón, ha enviado a Ismael, hijo de Netanías, para quitarte la vida?" Pero Godolías, hijo de Ajicam, no le creyó». (Jeremías, 40, 13-14).
A Godolías le proponen que tome la iniciativa y ordene matar a Ismael, pero Godolías se niega, declarando que no existe razón alguna para que Ismael desee matarle, él no le causado ningún daño. Simplemente ignoraba, o había olvidado el papel de Baalís, rey de los amonitas. De manera que, en realidad, nuestro vengador bíblico no era sino un asesino a sueldo, un sicario.
Además aquí apareen nuevamente dos elementos fonéticos cananeos característicos y muy reveladores: Baal-Is o Baal-Isa, que si los invertimos nos dan como resultado Isbaal o Isa-Baal. Ahora recordamos al lector que Isbaal [Isa], hijo de Saúl [Sié] era uno de los héroes preferidos de Jesús y que a éste en el Talmud se le llama despectivamente Isbaal. El Jesús o Yeshua [Isa] hijo de Sié [Saúl]. Luego quien lo escribió conocía bien a Jesús, y de nada le sirve negar su existencia histórica, al tiempo que deja constancia escrita de ella, nada menos que en el Talmud.
Ahora, si descomponemos nuevamente el nombre, vemos que uno de los vocablos Isa coincide con el nombre con el que se conoce a Jesús en el islam, y que es precisamente, Isa. Si volvemos a recomponer el nombre como Isa-Baal, vemos que el segundo vocablo alude a Baal, el antiguo dios cananeo, transformado después en El-Eloï [Él Es El que Es], el dios del norte (Israel) al que invoca Jesús en la cruz, no al Yahvé judío del sur. El vocablo El de la primera parte del nombre completo El-Eloï [Él Es El que Es] es el origen de Alá nombre genérico por el que musulmanes se refieren a Dios. Luego si Alá es el Dios de Isa, colegimos que El-Eloï también lo era. Así, pues, podemos interpretar que uno de los significados, literales, que ofenderían por igual a un judío y a un musulmán, sería Isa-Baal o Hijo de Dios. Pero no hay blasfemia por ninguna parte si, al contrario de lo que sostiene el cristianismo, no nos referimos a Jesús-Isa como el Hijo Unigénito de Dios, sino como Hombre, y como todos los hombres, hijo de Dios, en buena ley. Y si volvemos a combinar los vocablos nos aparecen los nombres de las dos principales divinidades de la Antigüedad, comunes a todas las culturas mediterráneas pero, con distintos nombres: Isis (Luna) Baal (Sol), luego Isbaal también es el nombre sincrético que reúne en uno sólo los dos nombres de Dios, que sería al mismo tiempo Isis-Isthar-Astarté-Venus y Ra-Baal-Helios-Apolo. Por tanto Atón, el dios solar egipcio del breve culto monoteísta se puede transformar en Atón-Isis, que con el tiempo derivó en Adonis, la deidad solar-lunar, masculina y femenina al mismo tiempo, en la que se inspiró Jesús en Fenicia para establecer la liturgia del nuevo culto mesiánico. Dios siempre ha estado ahí, sólo que con distintos nombres, lo que sucede con casi todos los personajes de los evangelios que seguimos repasando.
Si consultamos 2Reyes (9, 1-37), comprobaremos que Eliseo, para hacer ejecutar a Joram, rey de Israel, y a Ocozías, rey de Judá, así como a la reina Jezabel, madre de Joram, hará ungir antes por un hijo de profeta al joven Yehú [o Yeshú], hijo de Josafat, hijo de Nimsi. Luego, parece evidente que existía una tradición oculta que exigía que todo asesinato o ejecución, se legitimase siendo perpetrada u ordenada por un hombre de linaje real, investido por la sacrosanta unción de un profeta inspirado por Dios. Teniendo en cuenta esta larga tradición con más de mil años de antigüedad cuando tuvo lugar la Rebelión del Censo, los partidarios de Judas de Gamala y sus sucesores creían ejecutar a sus adversarios dentro de la legalidad y de su probado derecho a hacerlo. Basándonos en ese dato, comprendemos mejor (aunque no la compartamos) la orden que dio Jesús, al salir de Jericó y dirigirse hacia Jerusalén, referente a la matanza de los rehenes y de los prisioneros: «"Y en cuanto a aquellos enemigos míos que no quisieron que yo reinase sobre ellos, traedlos aquí y degolladlos en mi presencia". Y después de decir esto, Jesús se colocó en cabeza de los suyos y continuó la subida hacia Jerusalén…» (Lucas, 19, 27-28).
Así pues, Gamala, foco de la resistencia galilea contra los romanos, era la verdadera patria de Jesús Barrabás, hijo de Judas de Gamala, también conocido como Judas el Galileo, y nieto de Ezequías. Y la montaña árida y salvaje que, a causa de su silueta, dio nombre a la ciudad que se agazapa sobre ella como un ave rapaz escrutando la llanura, es, por muy paradójico que parezca, la montaña donde Jesús pronunció su famoso «sermón».
Y, efectivamente, si estudiamos con atención todos los pasajes de los evangelios en los que se habla de una montaña (descartemos aquellos que traten de las montañas, en plural) nos veremos obligados a constatar que, cada vez, o bien el texto precisa la naturaleza de dicha montaña, o bien habla de «la montaña», sin más. Así, por ejemplo, cuando dice «la montaña santa», se refiere a Sión, sobre la cual se asienta la ciudad de Jerusalén y el antiguo Templo. Si se refiere al monte de los Olivos, lo cita como «la montaña de los Olivos». Cuando se trata del Tabor o del monte de la Tentación, habla de una «alta montaña». Pero a veces dice «la montaña», y nada más. Y hay algunos versículos en los que se puede adivinar que se trata de una elevación en las orillas del lago Genesaret. Y otros que no dejan lugar a ningún equívoco, y en esos casos la montaña en cuestión es Gamala. Pero, cómo puede entenderse, si no, que los discípulos supiesen cuál era el lugar exacto de la cita, cuando Jesús les decía, por medio de un «ángel» o mensajero: «Id a decir a sus discípulos y a Pedro, que os precederá a Galilea…» (Marcos, 16, 7). O bien «Id luego y decid a sus discípulos que ha resucitado de entre los muertos y que os precede a Galilea; allí le veréis…» (Mateo, 28, 7). Es evidente que sin más señas que esa elíptica indicación, los discípulos sabían cuál era el lugar de la cita: «Los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado…» (Mateo, 28, 16). En cambio, él había dicho simplemente esto: «Id y decid a mis hermanos que vayan a Galilea y que allí me verán…» (Mateo, 28, 10).
¡No eran necesarias más indicaciones! Todos sabían a dónde ir.

Toma de Jerusalén por los romanos en el año 70


8 comentarios:

  1. Judas el Galileo, se dice que es el verdadero Jesús de Nasaret, padre biológico de Jesucristo. Según el Dr. Antonio Piñero La Verdadera historia de la pasión - (Pasión de Jesús en 10 tesis) en resumen dice que Jesucristo no existió.por una razón. Los 4 evangelios canónicos fueron escritos después de mucho tiempo de escritas las cartas de Pablo, por lo tanto la historia y/o vida de Jesús depende de Pablo?. Dice también que entre Lactancio y Eusevio de Cesario, crearon todo el nuevo testamento en complicidad con en Emperador Constantino
    tenia sus ideas y el solito escribió las epístolas de Pablo...????. El cristo de Lactancio era el Cristo de Pablo????...

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  2. Corrigiendo el comentario anterior: después de "dice también que entre Lactancio..." parece dar a entender que lo dice Antonio Piñero, y no es verdad. Esto es la tesis de Fernando Conde que la plasma en su libro "Año 303 se inventa el cristianismo". Dos autores, dos pensamientos diametralmente distintos.

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  3. Los cuatro evangelistas canónicos, no existieron.Son personajes inventados por Lactancio y Eusebio de Cesárea. Todo el nuevo testamento fue tomado de las fuentes egipcias. No hay documentos históricos que respalden el nacimiento de Jesucristo. Los monjes de Sera pis también se inventaron sobre el nacimiento, muerte y resurrección de Jesús. La arqueología desmiente la historicidad de el Antiguo y Nevo testamento. Autor Alemán Dr. Israel Finkelstein.

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  4. En Hechos,5,37 nada se dice de que Judas fuera el verdadero padre de Jesús de Nazaret. O pones otra cita o tu afirmación no se sostiene.

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  5. En verdad hay mucha confusión. Esa cita de Hechos no ratifica nada del padre de Jesús. También me confunde en Jesús Barrabás y luego citan a Jesús Nazareno esto me puede indicar que eran dos totalmente diferentes.

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  6. tengo una duda ¿ quien es Anano o Ananeas?

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  7. En los libros de historia de Josefo el nombre aparece en varios personajes como Yoshua el hijo de Anano , o el Sacerdote Yoshua que fue muerto por su hermano Iohannan (Juan) por el sacerdocio del templo. Estos libros pasaron al latín y aparecen como Jesús hijo de Anano

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