viernes, 28 de julio de 2017

Heliogábalo: el emperador travestido

Heliogábalo fue brevemente emperador de Roma, entre los años 218 y 222. Fue elegido por las legiones tras la derrota del usurpador Macrino en la batalla de Antioquía. En su entronización tuvo mucho que ver su abuela, Julia Moesia, que conspiró para que su nieto se convirtiese en augusto. Sin embargo, pasaría poco tiempo antes de que los mismos que le había apoyado, se arrepintiesen amargamente de haberlo hecho; su desenfrenada conducta sexual, unida a su devoción por un dios cananeo, generó un amplio rechazo en la sociedad romana. Intentó suplantar a Júpiter por el culto solar del Sol Invicto, que a la postre acabaría imponiéndose. De hecho, un siglo después, era el más popular entre las legiones romanas en vísperas de la adopción del cristianismo como religión oficial del Imperio. Durante su principado, Heliogábalo hizo caso omiso de las tradiciones religiosas y de las costumbres romanas, especialmente en materia sexual. Obligó a miembros destacados del Senado a participar en los ritos religiosos en honor de la nueva deidad impuesta, el Sol Invisto, de la que él se proclamó sumo pontífice, usurpando uno de los títulos más antiguos derivados de la antigua República. Se prostituía descaradamente y otorgaba favores sexuales a gladiadores, esclavos y sodomitas. Su comportamiento provocó el rechazo de la Guardia Pretoriana, que le retiró su apoyo. En la antigua Roma, como en Grecia, la homosexualidad en privado estaba tolerada, pero no en público. Tampoco estaba bien visto el travestismo, y mucho menos en un noble. No digamos en un emperador. La escandalosa conducta de Heliogábalo, unida a acusaciones como la de que se prostituía en el Palatino, bastó para que su propia abuela, Julia Moesia, conspirara contra él, apoyada por el pueblo y el Senado romano. Se dice que llegó a casarse hasta con seis hombres. Fue asesinado cuando contaba 18 años, y reemplazado por su primo, Alejandro Severo, que sería un buen emperador.
Heliogábalo desarrolló entre sus coetáneos una reputación de excentricidad, decadencia y fanatismo que fue probablemente exagerada por sus sucesores y rivales políticos. Esta leyenda negra trascendió posteriormente y, como resultado de ella, Heliogábalo es uno de los emperadores romanos más vilipendiados por los historiadores antiguos y modernos. Edward Gibbon escribió que Heliogábalo «se abandonó a los placeres más groseros y a una furia sin control». Niebuhr consideró que el nombre de Heliogábalo quedaba grabado en la historia por encima de otros debido a su «desagradable vida». Una vez entronizado por las legiones, Heliogábalo y su corte pasaron el invierno de 218 en Bitinia de Nicomedia, donde las prácticas sexuales y las convicciones religiosas del nuevo emperador pronto se revelaron como un problema de difícil solución. Algunos senadores veteranos empezaban a hablar de Calígula redivivo; a pesar de que éste había vivido doscientos años antes, sus excentricidades habían dejado una indeleble huella en la memoria colectiva de los romanos más conservadores. El historiador Dión Casio, sugiere que varios funcionarios y consejeros fueron asesinados porque «estaban forzando a Heliogábalo a vivir de forma mesurada y prudente». Para ayudar al pueblo romano a adaptarse a la idea de tener a un emperador que ejercía de sumo sacerdote al estilo oriental, Julia Moesia hizo enviar a Roma un retrato de Heliogábalo vestido de sacerdote y dispuso que se situara encima del altar de la Victoria en el Senado. Esto colocó a los senadores en una posición incómoda, pues al mismo tiempo que hacían ofrendas a la diosa, estaban reverenciando al emperador, un mortal. De nuevo aparecieron las comparaciones con Calígula, que intentó ser deificado en vida e identificado con Zeus encarnado.
Cuando Heliogábalo y su corte llegaron a Roma en el otoño de 219, Comezón y otros aliados de Julia Moesia y aduladores del nuevo augusto recibieron cargos importantes y lucrativos, con gran irritación de muchos senadores que no los consideraban ciudadanos respetables. Después de ejercer como prefecto del Pretorio, un cargo muy importante y estratégico, Comezón fue por tres veces elegido prefecto de la ciudad de Roma, y por dos veces cónsul. Heliogábalo intentó también que su supuesto amante, Hierocles fuese nombrado césar, mientras que otro de sus putos, un tal Zotico, fue nombrado para desempeñar el importante cargo de cubiculario —encargado de servir en la cámara privada del monarca, o de transmitir sus órdenes a los subordinados—, lo que en la Edad Media se conocería entre los francos como mayordomo de palacio. Para ganarse a la plebe y a una parte del patriciado, Heliogábalo, siguiendo una vez más los pasos de Calígula, proclamó una amnistía, aunque el prestigioso jurista Ulpiano no fue indultado y tuvo que exiliarse.
El verdadero nombre del emperador Heliogábalo era Marco Aurelio Antonino, y antes de su acceso a la púrpura imperial había sido sumo sacerdote del dios El-Gabal en Emesa (Siria), por este motivo pasó a la Historia como Heliogábalo (Elagabalus), derivado del nombre latino del baal cananeo El-Gabal, que viene a significar «El de la montaña», una antigua deidad, tal vez de origen asirio, representada por la piedra sagrada del templo de Emesa; un meteorito o piedra negra de forma cónica.​ La madre del joven emperador, Julia Saemia, y su abuela, Julia Moesia, se convirtieron en las primeras mujeres admitidas en el Senado, y ambas recibieron por ello sendos títulos senatoriales. Su abuela intentó establecerse como poder en la sombra, como lo hiciera Livia con su esposo Augusto, y convertirse así en la mujer más poderosa del Imperio, pero el joven Heliogábalo resultó ser mucho menos dócil y maleable que el viejo Octaviano, y su abuela comprendió que resultaba imposible controlarle. Uno de los aspectos más relevantes del breve gobierno de Heliogábalo fue la reforma religiosa que intentó introducir y que, en cierto modo, triunfó. Desde los tiempos de Septimio Severo, el culto al dios solar se había extendido por el Imperio a través de los veteranos de las legiones de Oriente. Heliogábalo vio en ello una oportunidad de hacer del dios solar, El-Gabal, la principal deidad del panteón romano. El dios fue rebautizado Sol Invicto, y colocado por encima incluso de Júpiter Óptimo Máximo, en el panteón romano. Como símbolo del nuevo sincretismo religioso que deseaba imponer, Heliogábalo consideró como esposas de El-Gabal a Astarté, Minerva y Urania, que luego, a su vez, intentó unificar en una sola deidad femenina. El irreverente emperador apóstata provocó un gran escándalo cuando se casó con la virgen vestal Aquilina Severa, aduciendo que la pareja engendraría «niños semejantes a los dioses». Esto quebrantaba flagrantemente la antigua ley romana de las Doce Tablas, pues una vestal que mantuviera relaciones sexuales debía ser enterrada viva como castigo. Ajeno a las reacciones que provocaban sus continuos escándalos, Heliogábalo se construyó un lujoso templo en la ladera oriental del Palatino, donde quería ser venerado como un dios viviente. Ese templo, además, albergaría la piedra negra procedente del santuario de Emesa. A propósito de esta piedra, Herodiano el Estoico dijo: «La piedra negra es venerada como si hubiese sido enviada desde el cielo por los dioses, sobre ella hay algunos trozos sobresalientes y unas marcas que están resaltadas, respecto a las cuales el pueblo pretende creer que son una imagen del sol, porque es así como lo ven».
Herodiano cuenta también que el emperador Heliogábalo obligaba a los senadores a mirar mientras él danzaba en torno al altar de la deidad al son de tambores y címbalos, y que cada solsticio de verano celebraba un gran festival, popular entre las masas porque se distribuía comida gratuitamente, durante el cual la piedra sagrada era colocada en un carro adornado con oro y joyas, que desfilaba por la ciudad. Las más sagradas reliquias de la religión romana fueron trasladadas desde sus santuarios al del Elagabalium, incluyendo la Gran Madre, el Fuego de Vesta, los Escudos de los Salios y el Paladio, para que ningún otro dios, salvo El-Gabal, fuera venerado en Roma. Según algunas fuentes, el emperador declaró además que judíos, samaritanos y cristianos debían realizar también sus ritos en el Elagabalium, para que así éste «pudiera incluir los misterios de cualquier forma de culto». Tras el asesinato del emperador travestido en 222, todos sus edictos religiosos fueron revocados, y el culto de El-Gabal se limitó otra vez a la ciudad siria de Emesa, de donde era originario. No obstante, ya se habían sembrado las semillas de la discordia religiosa en el seno de la sociedad romana, y apenas un siglo después, otra religión oriental ajena a la sobria tradición romana y helenística, acabaría imponiéndose dramáticamente. Por otra parte, esta Piedra Negra de Emesa, recuerda extrañamente a la piedra sagrada de los musulmanes que se custodia en la Kaaba, en la mezquita de La Meca. En el año 930 los karmitas atacaron La Meca pasando a cuchillo a todos sus habitantes y robaron la Piedra Negra de la Kaaba, que devolvieron partida en dos en el año 950. ¿Podría tratarse de la misma piedra negra de Emesa, o de un fragmento de ella?

Heliogábalo divirtiéndose con un gladiador

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