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lunes, 15 de enero de 2018

¿Fue Cristóbal Colón un espía portugués?

Aunque es poco conocida, existe una teoría sobre el origen portugués de Cristóbal Colón que surgió en los años treinta del siglo XX. Su primer defensor fue Patrocinio Ribeiro, que apuntó que algunos topónimos usados por Colón para nombrar sus descubrimientos se encuentran también en Portugal. El exministro luso Manuel Pestana Júnior publicó casi simultáneamente su teoría de que Colón habría sido un agente secreto del rey Juan II de Portugal y autores posteriores le otorgarían a Colón un origen aristocrático portugués. La teoría de que Colón fue un espía al servicio de Portugal no es ni mucho menos descabellada. Al regresar de su primer viaje, la nave de Colón hizo escala en las islas portuguesas de las Azores y desde allí llegó el 4 de marzo a Lisboa, forzada por otra tormenta, según el almirante. El 9 de marzo Colón fue llevado ante el rey Juan II de Portugal, al que intentó convencer de que la expedición no interfería con sus posesiones atlánticas, pero no se sabe a ciencia cierta de qué habló el navegante con el monarca luso, al que ya había visitado antes de iniciar su viaje de descubrimiento. Algunos cortesanos propusieron que se ejecutase a Colón por haber violado el Tratado de Alcázovas (1479) pero el Rey finalmente lo dejó libre.
Cuando las delegaciones castellana y portuguesa se reunieron para negociar el Tratado de Tordesillas en junio de 1494, los representantes de Isabel de Castilla se mostraron sorprendidos al comprobar que los plenipotenciarios portugueses parecían estar perfectamente enterados de los descubrimientos hechos por Colón en ultramar y, como consecuencia de ese conocimiento, los representantes de Juan II de Portugal lograron establecer la línea que delimitaba las zonas de navegación y conquista del océano Atlántico y del Nuevo Mundo a 370 leguas al oeste de las islas de Cabo Verde. En la práctica este tratado garantizaba al Reino portugués que los españoles no interferirían en su ruta del cabo de Buena Esperanza, y que los primeros no lo harían en las recientemente descubiertas Antillas, pero Portugal se benefició enormemente pues así fue cómo las ricas tierras del Brasil quedaron incluidas en su área de influencia.
Después de su primer viaje, Cristóbal Colón fue nombrado, a petición propia, Virrey y Gobernador de las Indias bajo las Capitulaciones de Santa Fe. Esto incluyó la administración de las colonias en la isla de La Española, cuya capital se estableció en Santo Domingo. Desde el primer momento, las acusaciones de tiranía e incompetencia de Colón como gobernador habían llegado a la Corte castellana. Pero como sucediera cuando los Pinzones acusaron al almirante de traición, la reina Isabel se mostró inflexible en su apoyo incondicional al navegante. No sería hasta 1499 cuando el desleal aventurero fue reemplazado por don Francisco de Bobadilla, miembro de la Orden de Calatrava.
Bobadilla, fue gobernador de 1500 a 1502, cuando falleció debido a una tormenta, también había recibido el encargo de investigar las acusaciones de brutalidad con los nativos, y de desprecio a la nobleza castellana, hechas contra Colón. Al llegar Bobadilla a Santo Domingo, mientras Colón estaba ocupado con sus exploraciones del tercer viaje, fue recibido con quejas contra los tres hermanos Colón: Cristóbal, Bartolomé y Diego. Un informe de Bobadilla recientemente descubierto asegura que Colón frecuentemente usaba la tortura y la mutilación para gobernar La Española. El informe de 48 páginas, encontrado en 2006 en el Archivo General de Simancas, contiene testimonios de 23 personas, incluyendo enemigos y partidarios de Colón, acerca del ignominioso trato que Colón y sus hermanos dispensaron a los nuevos súbditos coloniales y a los nobles castellanos durante sus siete años de mandato. De acuerdo con este informe, Colón castigó a un hombre culpable de robar maíz haciéndole cortar las orejas y la nariz, para venderlo luego como esclavo. Los testimonios registrados en el informe atestiguan también que Colón felicitó a su hermano Bartolomé por «defender a la familia» cuando éste ordenó que una mujer fuera forzada a desfilar desnuda en público y que le fuera cortada la lengua por sugerir que Colón era de incierto nacimiento, lo que venía a decir que era un bastardo o un hideputa. El documento también describía cómo Colón reprimió el descontento y la revuelta de los indígenas. Primero, ordenó una represión brutal en la que los nativos fueron asesinados y sus cuerpos desmembrados arrastrados por las calles en un intento de conjurar otra rebelión.
El tiránico gobierno de los hermanos Colón en La Española no cumplió con las expectativas de los Reyes Católicos. Desde un primer momento fue clara la posición de la reina Isabel de Castilla en la defensa de la igualdad de los indios, sus súbditos del Nuevo Mundo, y los españoles, sus súbditos del Viejo Mundo. Las agresiones a indígenas y la venta de algunos como esclavos era un desobediencia de las órdenes expresas de la Reina Católica, que había dejado clara su voluntad de que se tratara a los indígenas como súbditos de Castilla, y por lo tanto, como hombres libres. Por este motivo, Colón fue arrestado luego de su tercer viaje y enviado con cadenas ante la reina Isabel por el pesquisidor Francisco de Bobadilla. No correspondía el comportamiento de Colón con el que España proponía en sus leyes, aunque la distancia, entre otros motivos, propiciara conductas similares a las de Colón y sus hermanos con los indígenas, las cuales fueron denunciadas por Fray Bartolomé de las Casas y reprobadas por las Leyes Nuevas. Colón y sus hermanos permanecieron en prisión seis semanas antes de que el rey Fernando ordenara su liberación. Al poco tiempo, los Reyes Católicos llamaron a Colón y a sus hermanos al palacio de la Alhambra en Granada. Allí los Reyes escucharon las súplicas de los hermanos, les devolvieron su libertad y riqueza, y luego de mucha persuasión, aceptaron financiar el cuarto viaje de Colón. Pero se cerró firmemente la posibilidad de que Colón repitiese como gobernador de las Indias Occidentales. Cargo que recayó en Nicolás de Ovando y Cáceres.

Las carabelas de Castilla navegando hacia el Nuevo Mundo

lunes, 18 de diciembre de 2017

¿Quién era Cristóbal Colón?

Aunque su origen ha sido objeto de las más diversas especulaciones, parece existir un mayor acuerdo en considerar que nació en Génova hacia 1451. Es posible también que no fuera el primogénito, sobreviviendo a sus hermanos mayores. Colón tenía además dos hermanos pequeños, Bartolomé, uno o dos años más joven, y Diego. Su familia, sin ser rica, poseía cierto acomodo debido al negocio de telares que el padre ostentaba y a los ingresos complementarios que procuraba a la familia un pequeño comercio de quesos. La infancia de Colón, como su fecha y lugar de nacimiento, también aparece envuelta en nebulosa. Él mismo señala que desde muy joven aprendió el oficio de navegante, sin duda alentado por el carácter marinero de Génova y la ebullición del comercio mediterráneo que inundaba la ciudad. Parece ser que a los dieciocho años estuvo al servicio del corsario francés Guillaume de Casanova, quien asediaba las naves venecianas que comerciaban con Flandes por el Atlántico, hacia 1470. Un episodio mejor documentado refiere que Colón formó parte de la tropa que, al mando de Renato de Anjou, nombrado heredero de la reina Juana de Nápoles, se enfrentó a Alfonso V de Aragón y posteriormente a Juan II, padre del Rey Católico. Una tercera referencia, algo más dudosa, aparece en un documento que habla de un corsario que en 1473 asoló las costas valencianas y catalanas. Por último, se sabe que Colón participó en una flota genovesa que hacia 1475 salió en defensa de la isla de Quíos, asediada por los turcos, en donde los genoveses adquirían la goma. Un año más tarde Colón aparece formando parte de una flota genovesa que se dirige a vender la goma de Quíos en los puertos de Inglaterra, Portugal y Francia. Siendo atacada por el corsario Casanova, el barco en el que Colón viaja naufraga y éste puede alcanzar a nado la costa de Portugal, asentándose en Lisboa, donde existe una amplia colonia genovesa. Es en Lisboa donde Colón conocerá a su mujer, Felipa Moniz de Perestrello, de familia noble y afamada. Durante estos años, Cristóbal Colón se dedicó al comercio y hubo de tratar con gentes marineras, que a buen seguro contarían historias sobre la existencia de tierras más allá del mar Océano, sobre extraños objetos o troncos encontrados flotando y sobre naufragios en costas alejadas y desconocidas hasta entonces.
En esa época (1481), Colón viaja a la costa oeste africana como miembro de la expedición de Diego de Azambuja y a Inglaterra, portando productos desde Génova. El mismo Almirante declara, aunque algunos autores lo ponen en duda, que pudo haber tocado las costas de Islandia. No cabe duda de que todos estos viajes otorgarán a Colón una acreditada experiencia en las artes de navegación, así como un vasto conocimiento de la geografía de la época. En la mentalidad de científicos y navegantes de finales del siglo XV existen ya diversas ideas y concepciones que dan pie a la creencia de Cristóbal Colón en una ruta occidental hacia Catay y las Indias de las especias —el Extremo Oriente— más corta y ajena al peligro que suponen la piratería y los turcos. El Mediterráneo es por aquel entonces un mar demasiado estrecho y peligroso, donde naciones enemigas y piratas de toda clase dificultan o impiden la ruta que lleva hacia los ricos países orientales productores de especias y productos exóticos. En la segunda mitad del siglo XIII, el veneciano Marco Polo, entre otros, abrió el camino de la larga travesía hacia Catay, demostrando además el beneficio económico que, no obstante el largo y peligroso viaje, puede deparar una carga de mercaderías traída desde Oriente. La ruta occidental por mar, más segura que la travesía terrestre y más rápida que la marítima bordeando el sur de África, ya explotada por los portugueses, se convierte a mediados del siglo XV en un foco de especulaciones, configurándose paulatinamente en una creencia cierta sobre la que cada vez se acumulan más datos. Toscanelli, en cuyas afirmaciones creerá Colón, no solo piensa que debe existir una ruta occidental que libre del peligro de los turcos, sino además fija la distancia de la ignota isla Antilla del Atlántico con la isla de Cipango (Japón) en 2.500 millas. El mismo científico transmite a Colón por carta sus impresiones. El viaje de Colón a los nuevos territorios no debe explicarse como un hecho aislado o fruto de la mera casualidad. Desde algunos siglos antes se vienen produciendo diversos antecedentes que preparan el camino para la gran navegación transatlántica. Un antecedente claro sitúa a los vikingos tocando la costa americana hacia el año 1000.
En Portugal y Castilla las navegaciones exploratorias cada vez son más frecuentes, contribuyendo a crear un corpus de información geográfica y astronómica e incorporando nuevos territorios a los ya conocidos. Las innovaciones y mejoras técnicas o las incorporaciones de adelantos procedentes de otras culturas, como el astrolabio, facultan a las naves de los reinos hispánicos para realizar grandes travesías. Desde el siglo XIII la acumulación de conocimientos, además del empuje demográfico y el dinamismo económico, parecen actuar a favor del descubrimiento de nuevas tierras. En 1415 el rey portugués Enrique el Navegante fundó en Sagres un centro de estudios cartográficos y náuticos, que recogía las noticias y hallazgos procedentes de las exploraciones del litoral africano. Unos años más tarde, Juan II de Portugal instauró la Junta dos Matemáticos, encargada de elaborar tablas de navegación basadas en los conocimientos mallorquines y catalanes sobre el Mediterráneo. El convencimiento de Colón en la posibilidad de establecer una ruta oceánica occidental pudo basarse, también, en las conversaciones que supuestamente mantendría con marineros tanto en El Puerto de Santa María como en Murcia, que aseguraban haber conocido costas lejanas tras ser arrastrados por el temporal. El dinamismo portugués en cuanto a sus exploraciones por África, fomentadas desde la Corona, es una cuestión conocida en la época. En 1484 Diego Cao es premiado por el rey Juan II por sus exploraciones africanas, lo que sin duda anima a Cristóbal Colón a presentar su proyecto a la corte portuguesa. Solicita al rey el equipamiento de tres carabelas con vituallas y mercaderías para comerciar, ser armado caballero y Almirante y Gobernador de los territorios descubiertos y adjudicarse un diez por ciento del beneficio económico que se obtenga de las nuevas tierras y participar con un octavo en cada barco que comerciase con los países hallados.
La negativa del monarca portugués a secundar la operación parece provocada por estar inmerso en las exploraciones africanas, convencido de estar ya en la mejor ruta hacia Oriente —la africana—, y comprometidas las arcas reales en la empresa. Posiblemente, una vez rechazado el proyecto, pudo enviar una carabela que, tras seguir las indicaciones dadas por Colón, debió de volver de vacío. En los inicios de 1485 Colón pierde a su esposa y abandona Portugal, quién sabe si por deudas o acusado de conspirar contra el rey. Lo cierto es que su hermano Bartolomé ofrece el proyecto a Enrique VIII de Inglaterra, quien también lo rechaza. Parte entonces Cristóbal Colón hacia Palos, para ofrecer su plan a los reyes de Castilla y Aragón. El desembarco en Palos hubo de hacerse a causa de las noticias que circulaban en la localidad, conocidas de Colón, acerca de un viaje del piloto Alonso Sánchez de Huelva hacia el Occidente atlántico. Se supone que el prior de La Rábida, fray Juan Pérez, y el cosmógrafo fray Antonio de Marchena, pudieron entregar el diario y una carta de ruta del piloto español, que pudo usar Colón en su primer viaje. Desde luego, la información de la que disponía el aventurero genovés debía de ser muy deficitaria, ya que su proyecto fue desestimado por los portugueses —expertos navegantes— y también por el rey de Inglaterra. Así que la información obtenida en La Rábida debió serle de muchísima utilidad. Sea como fuere, el caso es que a través de diversos personajes superpuestos tienen noticia los Reyes Católicos del proyecto de Colón, siendo recibido por éstos en Alcalá de Henares el 20 de enero de 1486. Aparte de las ganancias económicas, la idea de Cristóbal Colón reunía en sí misma las grandes aspiraciones del mundo cristiano de la época, como el comercio directo con Oriente, el contacto con los legendarios reinos cristianos del Preste Juan y el remate al ideal de Cruzada con la toma definitiva de Jerusalén. Valedores de Colón fueron fray Juan Pérez y el contador mayor, don Alonso de Quintanilla, quienes consiguieron que una junta consultiva se reuniese en Córdoba para examinar sus ideas. Posiblemente fue el confesor de la reina Isabel, fray Hernando de Talavera, quien, contrario al proyecto, fomentó la negativa de la junta. Parece, además, que otras razones incidieron en el rechazo a apoyarlo, fundamentalmente la guerra establecida con el reino nazarí de Granada y las desmesuradas peticiones de Colón, ciertamente inéditas en la época. Se sabe que esas mismas peticiones habían molestado sobremanera al rey de Portugal.
En tanto se delibera en la corte de Isabel y Fernando, Bartolomé Colón viaja a Francia con la información adicional que le han proporcionado en La Rábida a su hermano Cristóbal, y presenta el proyecta a Ana de Beaujeu, regente durante la minoría de edad de Carlos VIII. En Francia tampoco se prestará demasiado crédito al proyecto del aventurero genovés. Las deliberaciones en la corte castellana se dilataron varios años, durante los cuales Colón, no obstante, fue mantenido por indicación de la Corona. Son años en los que Colón va ganando adeptos en la corte, como fray Diego de Deza, o Medinaceli, en cuya casa se alojó dos años. Una nueva negativa de la corte le empujó a marchar de España, pasando antes por La Rábida. Desde allí fray Juan Pérez hace un último intento, escribiendo una carta a la reina Isabel, como resultado de la cual Colón es llamado a Santa Fe (Granada) para empezar a negociar. En este punto la intervención de don Luis de Santángel, escribano de ración de la Corona de Aragón, resulta determinante, pues persuade a la reina de la viabilidad y conveniencia del proyecto. La negociación finaliza el 17 de abril de 1492, dando lugar a las Capitulaciones de Santa Fe. En ellas se determina que Colón y sus herederos ostentarán el cargo de Almirante de la mar Océana en todos los territorios que pudiera descubrir, cobrando el quinto de las mercancías; se le nombra también virrey y gobernador de las tierras descubiertas, con poder para nombrar funcionarios; recibirá la décima parte de los tesoros conquistados o adquiridos y ejercerá de juez en cuantas cuestiones comerciales se pudieran suscitar; podrá participar con un octavo en cualquier expedición comercial que se emprendiese, obteniendo así un octavo de los beneficios. Se equipara así a Colón en rango con el Almirante de Castilla, con los mismos privilegios y mercedes, y su hijo Diego es nombrado paje del príncipe don Juan. Las pretensiones de Colón son inusitadas para la época, pues aparte de exigir un alto porcentaje sobre los beneficios de la empresa, sus aspiraciones políticas le convertirían de hecho en el segundo dignatario de Castilla tras la reina. Sus pretensiones son más desmesuradas aun considerando que se trata de un advenedizo, un trotamundos extranjero recién llegado que presenta un plan inconcebible. El acuerdo con los reyes de Castilla y Aragón indica, por tanto, que en la mentalidad y conocimientos de la época ya estaba la posibilidad de realizar un viaje así. Además, juega a favor de Colón el hecho de que la toma de Granada ha acabado, lo que permite a los Reyes distraer su atención hacia otros asuntos y dedicar recursos al nuevo proyecto.
El 30 de abril de 1492 los reyes envían una misiva a Palos en la que ordenan la construcción de dos carabelas que pondrán al servicio de Colón, como pago o castigo contraído con anterioridad. El mismo Colón se desplaza a la localidad para formar la tripulación, encontrando reticencias hasta que interviene fray Juan Pérez y se enrola el afamado marino don Martín Alonso Pinzón, ofreciendo una carabela propia. Con él se enrolan también sus hermanos don Francisco Martínez y don Vicente Yáñez Pinzón y el piloto don Juan de la Cosa. Armadas las carabelas Pinta, Niña y la nao Santa María, salen del puerto la madrugada del 3 de agosto de 1492, dirigiéndose a las islas Canarias, donde arribarán más tarde. Allí repostan y hacen las oportunas reparaciones, tras lo que parten en dirección oeste. La duración de la travesía comienza a impacientar a la tripulación, surgiendo amagos de sublevación que son atajados por Colón mintiendo sobre la distancia recorrida y prometiendo regalos. La situación comenzaba a ser desesperada cuando Rodrigo de Triana avistó tierra el 12 de octubre, habiendo llegado a la isla Guanahaní. Durante este viaje realizó además exploraciones durante tres meses por otras islas cercanas, a las que bautizó como Juana (Cuba) y La Española (Santo Domingo-Haití). En ésta parece ser que tuvo el primer contacto con un jefe nativo, quien le regaló varios objetos de oro. En la Nochebuena de 1492 la Santa María embarrancó, lo que persuadió a Colón de aprovechar sus restos para construir un fortín, que sería bautizado Fuerte Navidad, y donde quedarían algunos miembros de la expedición, para congraciarse con los indios y establecer una colonia. Separada la Pinta tras la insubordinación de don Martín Alonso Pinzón, quien se había ido a explorar la mítica isla de Babeque, Colón parte con la Niña hacia España el 2 de enero de 1493, llevándole las corrientes a Lisboa. En esta ciudad, Juan II alega que las nuevas tierras son suyas, en función del tratado de Alcaçovas, lo que generará una polémica que no quedará saldada hasta la intervención del papa Alejandro VI y el acuerdo establecido por el Tratado de Tordesillas el 7 de junio de 1494.
De vuelta a España, los reyes le reciben en Barcelona. Colón les trae presentes y lleva consigo a seis indios. Son los primeros amerindios bautizados, encargando los reyes a Colón emprender un nuevo viaje en el que llevará consigo a fray Bernardo Boyl y otros religiosos para convertir a la población. El segundo viaje cuenta ya con un ingente despliegue de medios, lo que indica un interés colonizador. Se preparan mil quinientos hombres y diecisiete barcos cargados con vituallas y provisiones tanto para mantenerse, como para fundar establecimientos permanentes. Entre los viajeros figuran el hermano de Colón, Diego, Ponce de León, fray Antonio de Marchena, don Alonso de Ojeda, don Juan de la Cosa, Pedro Margarit, etcétera. El regreso a Fuerte Navidad es desolador, encontrando solo restos mortales que indican un ataque de los indígenas y querellas entre los españoles; algunos de los cuales habrían partido al interior de la isla con la esperanza de encontrar oro. El 6 de enero de 1494 se fundó la primera ciudad, La Isabela, en un lugar malsano que provocó que fuera abandonada dos años más tarde, fundándose Santo Domingo a instancias de Bartolomé Colón. Entre tanto, continuó su hermano Cristóbal realizando exploraciones, convencido de estar ante las puertas de los reinos del Gran Kan. Así, reconoce por completo La Española y explora Cuba, Jamaica y algunas islas menores. Tras dejar a don Francisco Roldán como alcalde mayor de La Isabela, emprendió Colón el viaje de regreso a España. Surgió entonces el conflicto entre Roldán y Diego Colón, que provocará la primera sublevación. Los desórdenes producidos llegan a oídos de la Corona, que envía a un visitador para investigar el asunto. Como resultado, se presentan acusaciones contra Colón por parte de los castellanos, que son ignoradas por los Reyes Católicos.
El 30 de mayo de 1498 parte Cristóbal Colón por tercera vez, al frente de una flota de seis barcos y seiscientos hombres. Durante esta expedición realizó nuevas exploraciones, como las de la isla Trinidad, el golfo de Paria, en el continente americano, Asunción (Tobago) y Concepción (Granada), Margarita y Cubagua. A su regreso a La Española siguen los problemas generados por Roldán y otros españoles, contestadas por Colón con actuaciones soberbias y despóticas. Como resultado, la Corona envió a un nuevo investigador, don Francisco de Bobadilla, cuya autoridad no reconoció Colón, por lo que fue encadenado y enviado preso a la Península. La protección real, aunque con algunas reservas, le procuró ser absuelto y que se nombrara un nuevo investigador en sustitución de Bobadilla, esta vez fue don Nicolás de Ovando. Para evitar nuevos conflictos, los Reyes Católicos prohibieron a Colón desembarcar en La Española en su cuarto viaje, emprendido el 11 de mayo de 1502 junto con su hermano Bartolomé y su hijo Hernando, tocando las islas del Caribe, Santa Lucía o Martinica, Santa Cruz, Puerto Rico, Honduras. El viaje resultó descorazonador, pues el paso hacia las Indias, en el que Colón aún creía firmemente, no aparecía por ninguna parte. Parece ser que las penalidades y el carácter altivo y despótico de Colón empujaron a la tripulación a rebelarse, a lo que se sumó una fuerte tormenta y el mal estado de las naves. De vuelta a España, Colón ha de ocuparse de hacer valer sus derechos, pleiteando con la Corona. A pesar de habérsele reconocido algunas mercedes, la situación interna de los reinos ha cambiado profundamente, tras fallecer la reina Isabel. Las reclamaciones al rey Fernando no son atendidas como quisiera, encontrándose éste en una difícil coyuntura política por la posible llegada al trono de Felipe I. No obstante, Colón aún conserva algunas amistades entre los personajes influyentes de la corte, como don Diego Hurtado de Mendoza o el cardenal Cisneros. Arruinado y melancólico, Colón ve próxima su muerte, dictando testamento a favor de sus hijos, hermanos y de Beatriz Enríquez, mujer con la que compartió parte de su vida y madre de su hijo Hernando. El 20 de mayo de 1506 muere aquejado de gota y otras enfermedades en la ciudad de Valladolid, sin saber que en su exploración había dado con un continente desconocido hasta entonces por los europeos y al que se dará el nombre de América, fruto de un equívoco al asignar su descubrimiento al también italiano Américo Vespucio.

Colón desembarca en el Nuevo Mundo

miércoles, 5 de julio de 2017

La traición de Cristóbal Colón

La expedición de Cristóbal Colón partió del puerto de Palos de la Frontera (Huelva) el 3 de agosto de 1492, con las carabelas Pinta y Niña, la nao Santa María y con una tripulación de unos noventa hombres. La Santa María era propiedad de Juan de la Cosa y en ella embarcó Colón. La Niña y la Pinta fueron elegidas por Martín Alonso Pinzón. La expedición no resultó fácil para nadie y la noche del 6 al 7 de octubre se produjo un intento de motín en la Santa María que fue sofocado con la ayuda de los hermanos Pinzón. Sin embargo, entre el 9 y el 10 de octubre el descontento se extendió al resto de la expedición, tomando los capitanes la determinación de que se volverían en el plazo de tres días en caso de no divisar tierra. El 12 de octubre, cuando la tripulación ya estaba inquieta por la larga travesía sin haber llegado a ninguna parte, el grumete Rodrigo de Triana dio la voz de: «¡Tierra a la vista!». Sobre este episodio también existe controversia entre los historiadores, ya que los Reyes Católicos habían ofrecido 10000 maravedís al primero que avistara tierra, y este premio lo recibió Colón que aseguró en su cuaderno de bitácora que él había sido el primero en divisar tierra firme varias horas antes que Rodrigo de Triana, que jamás cobró el premio. Los españoles llegaron a una isla llamada Guanahaní, a la que se rebautizó como San Salvador, en el archipiélago de las Bahamas. Colón creyó haber cumplido con su ansiada meta de llegar a las Indias navegando por el mar Atlántico con rumbo oeste, y no fue consciente de que había arribado a un continente distinto.

Después del 12 de octubre, Colón recorrió otras islas de las Bahamas hacia el sur hasta llegar a la isla de Cuba, y posteriormente a La Española (actuales Haití y Santo Domingo). En las costas de esta isla caribeña, el 25 de diciembre de 1492 se hundió la nao Santa María. Sus restos fueron reutilizados para construir Fuerte Navidad, el primer asentamiento español en América. Las dos carabelas restantes, al mando del Almirante, emprendieron el viaje de regreso a España, pero la carabela de Alonso Pinzón se separó de la que capitaneaba Colón a causa de una tormenta, y Pinzón llegó al puerto de Bayona el 18 de febrero de 1493, antes de que Cristóbal Colón arribara a Lisboa. Tan pronto como hubo desembarcado, Alonso Pinzón intentó que los Reyes Católicos le concedieran audiencia para denunciar la traición de Colón antes de que éste diese cuenta de sus descubrimientos al rey de Portugal. Pero la reina Isabel se negó a recibirle. Resignado, Alonso Pinzón zarpó de Bayona y se dirigió a Palos, llegando al puerto de partida el día 15 de marzo de 1493. Le desembarcaron en una parihuela porque llegó muy mermado de fuerzas. Para él el viaje de regreso resultó letal ya que falleció a consecuencia de unas fiebres a los pocos días de haber regresado a su tierra natal. Como Pinzón venía enfrentándose a Colón desde que se inició el viaje, sus amigos le llevaron a una finca que tenía en los límites entre Palos y Moguer. Tal vez su hijo, Arias Pérez Pinzón, no le llevó a su casa de Palos para protegerlo, puesto que Colón lo había amenazado de muerte. Según los testimonios de la época, fue trasladado al monasterio de La Rábida, donde fue atendido por los frailes y hasta que falleció, y allí fue sepultado, siguiendo su última voluntad.

Según el Almirante, la Niña sufrió los efectos de una tempestad que estuvo a punto de hacerla naufragar y Colón hizo escala en las islas Azores y de allí partió el 4 de marzo, poniendo rumbo a Lisboa forzado por otra tormenta. El 9 de marzo Colón se entrevistó con el rey de Portugal, al que informó de cuanto había descubierto e intentó convencer al monarca luso para ponerse a su servicio a cambio de financiar nuevas expediciones y concederle el monopolio del comercio. Esta reunión ya constituía un delito de flagrante traición a los reyes de Castilla y de Aragón que habían sufragado la expedición y a cuyo servicio se encontraba el aventurero genovés. La reina Isabel rechazó todas las acusaciones vertidas sobre Colón y su cuestionable comportamiento durante el viaje, a pesar de las muchas pruebas aportadas, y confió el gobierno de las nuevas tierras al traidor, que siguió informando al rey portugués de sus descubrimientos en ultramar. La información facilitada por el traidor sirvió al rey Juan II para negociar con ventaja el tratado suscrito en la localidad de Tordesillas (Valladolid) el 7 de junio de 1494 con los reyes de Castilla y de Aragón, y en virtud del cual se estableció un reparto de las zonas de navegación y conquista en el océano Atlántico y del Nuevo Mundo mediante una línea situada 370 leguas al oeste de las islas de Cabo Verde, a fin de evitar conflictos de intereses entre España y Portugal. En el mismo Tratado se establecieron los límites de las pesquerías entre el cabo Bojador y el Río de Oro en el Sáhara Occidental, y los límites del Reino de Fez en el norte de África, en lo que había sido el antiguo Sultanato de los benimerines y después de los watásidas y de los saadíes. Alcanzado el acuerdo con el rey portugués, el traidor partió a Andalucía y el 15 de marzo la Niña arribó al puerto de Palos, con pocas horas de diferencia respecto a la Pinta, capitaneada por Alonso Pinzón, que falleció a los pocos días sin poder informar personalmente a los Reyes Católicos de la traición del Almirante.

En abril de 1493, Colón fue recibido por los Reyes Católicos en un monasterio cercano a Barcelona donde explicó su travesía a lo que él creía que era la India. Pocos años después, cuando Colón fue apartado y destituido de todos sus cargos, los exploradores castellanos se dieron cuenta de que las tierras a las que había llegado el genovés no estaban unidas por tierra con Asia, sino que formaban parte de un continente distinto, al que empezaron a llamar Nueva España. Martín Alonso Pinzón fue determinante en la empresa del Descubrimiento. Su experiencia marinera y su liderazgo quedó patente en los pleitos con Colón surgidos durante la travesía. Fue un héroe en las guerras contra los portugueses, y es muy probable que Colón tuviera noticias sobre Martín Alonso en Portugal, ya que éste era conocido por sus incursiones en las islas Canarias y en el golfo de Guinea. Alonso Pinzón participó en el Descubrimiento como capitán de la Pinta y aportó en metálico una parte de los gastos del viaje. Gracias a su mediación como marino reputado y experto se consiguió enrolar a la tripulación necesaria para el primer viaje de Colón. Los marineros andaluces, incluso los que conocían a Pinzón personalmente, desconfiaban de embarcar en aquella aventura al mando de un extranjero desconocido como Colón. Además, la aventura era arriesgada y, sobre todo, de ganancia incierta, por lo que no presentaba grandes atractivos. La oposición y la indiferencia por el proyecto colombino fueron generalizadas, y difícilmente habría conseguido el traidor reclutar una tripulación de no ser por los Pinzones. También fue primordial el papel jugado por los frailes franciscanos de La Rábida, que pusieron en contacto al genovés con Alonso Pinzón y Pedro Vázquez de la Frontera, viejo marino de la villa muy respetado por su experiencia, y amigo de Martín Alonso, que influyó de manera importante para que el mayor de los hermanos Pinzón se decidiera a apoyar la empresa con fondos. Martín aportó a la empresa dos carabelas: la Pinta y la Niña, ya que sabía que eran «muy aptas para el oficio de navegar», pues las tenía arrendadas. Además, viajó por Palos, Moguer y Huelva, convenciendo a sus parientes y amigos para que se enrolasen, consiguiendo con ello la mejor tripulación posible. Capitaneó la carabela Pinta, desde la cual Rodrigo de Triana avistó la tierra americana.

Colón, en su diario, habló favorablemente de Pinzón en diversas ocasiones por haber sofocado los motines. Sin embargo, una vez descubiertas las nuevas tierras, la relación entre ambos cambió radicalmente, sobre todo a partir del 21 de noviembre de 1492, cuando Martín Alonso se separó de Colón. El almirante genovés demostró con creces su mezquindad lanzando contra Pinzón graves acusaciones de deserción —y no sólo contra Martín Alonso, sino también contra sus hermanos, incluso contra Vicente que le había socorrido cuando la Santa María naufragó—, en el viaje de regreso la carabela de Pinzón se volvió a separar a causa de una tormenta, y Pinzón llegó al puerto de Bayona antes de que Colón arribara a Lisboa. Alonso y sus hermanos Francisco Martín y Vicente Yáñez, descubridor del Brasil, fueron los auténticos héroes españoles en la gran gesta del Descubrimiento. Colón sólo fue un oportunista que ofreció sus servicios a varios monarcas europeos y que traicionó la confianza que la reina Isabel de Castilla había depositado en él. A la conclusión de su primer viaje, Cristóbal Colón fue designado Virrey y Gobernador de las Indias bajo las Capitulaciones de Santa Fe. Esto incluyó la administración de las colonias en la isla de La Española, cuya capital se estableció en Santo Domingo. Al final de su tercer viaje, Colon estaba física y mentalmente exhausto: su cuerpo afligido por artritis y sus ojos inflamados por la oftalmia. En octubre de 1499, envió dos naves a España, pidiendo a la Corte designar a un comisionado real para ayudarlo a gobernar. Por entonces, las acusaciones de tiranía e incompetencia de Colón como gobernador habían llegado a la Corte. La reina Isabel y el rey Fernando respondieron removiendo a Colón del poder y reemplazándolo por Francisco de Bobadilla, miembro de la Orden de Calatrava.

Bobadilla, que fue gobernador desde 1500 hasta su muerte en 1502, había recibido el encargo de investigador las acusaciones de brutalidad hechas contra Colón. Al llegar Bobadilla a Santo Domingo, mientras Colón estaba ocupado con sus exploraciones del tercer viaje, fue recibido con quejas contra los tres hermanos Colón: Cristóbal, Bartolomé y Diego. Un informe de Bobadilla recientemente descubierto asevera que Colón frecuentemente usaba la tortura y la mutilación para gobernar La Española. El informe, de 48 páginas, encontrado en 2006 en el Archivo General de Simancas, contiene testimonios de 23 personas, incluyendo enemigos y partidarios de Colón, acerca del trato de Colón y sus hermanos dispensaban a los súbditos de Castilla durante sus siete años de mandato. De acuerdo con este informe, Colón castigó a un hombre culpable de robar maíz haciéndole cortar las orejas y la nariz, para venderlo luego como esclavo. Los testimonios registrados en el informe aseveran que Colón felicitó a su hermano Bartolomé por «defender a la familia», cuando este último ordenó que una mujer fuera forzada a desfilar desnuda en público y que su lengua fuera cortada por sugerir que Colón era de mal nacimiento. El documento también describía el modo como Colón controló el descontento y revuelta de los nativos. Primero, ordenó una represión brutal en la que los amerindios fueron asesinados y luego sus cuerpos desmembrados arrastrados por las calles en un intento de desalentar cualquier otra rebelión. «El gobierno de Colón se distinguió por ser una forma de tiranía», afirma Consuelo Varela Bueno, historiadora española que estudió y publicó documentos acerca del gobierno de Colón en La Española. «Incluso quienes lo admiraban [a Colón] tuvieron que admitir las atrocidades que habían ocurrido bajo su gobierno». El gobierno de los hermanos Colón en la Isla no cumplió con las expectativas de los Reyes Católicos. Desde un primer momento fue clara la posición de la reina Isabel de Castilla en la defensa de la igualdad de los indios, sus súbditos en el Nuevo Mundo, y los españoles, sus súbditos del Viejo Mundo. Las agresiones a indígenas y la venta de algunos como esclavos era un acto de desobediencia a las órdenes expresas de la reina Isabel la Católica, que había dejado clara su voluntad de que se tratara a los indígenas como súbditos de Castilla y, por lo tanto, como hombres libres. Por ello, Colón fue arrestado después de su tercer viaje y enviado cargado de cadenas ante la reina Isabel por el pesquisidor Francisco de Bobadilla. No se correspondía el comportamiento de Colón con el que Castilla proponía en sus leyes, aunque la distancia, entre otros motivos, propiciaron conductas similares a la de Colón con los indígenas, las cuales fueron denunciadas por fray Bartolomé de las Casas y reprobadas por las Leyes Nuevas. Colón y sus hermanos permanecieron en prisión seis semanas antes de que el rey Fernando ordenara su liberación. Poco después, el rey y la reina llamaron a Colón y a sus hermanos al Palacio de la Alhambra en Granada. Allí, la pareja real escuchó las suplicas de los hermanos, les devolvieron su libertad y riquezas, y después de mucha persuasión, aceptaron financiar el cuarto viaje de Colón. Pero el genovés no recuperó jamás su influencia de antaño. Don Nicolás de Ovando y Cáceres fue nombrado nuevo gobernador de las Indias Occidentales y Cristóbal Colón falleció en Valladolid el 20 de mayo de 1506 por complicaciones derivadas de la gota. Se le enterró inicialmente en el Convento de San Francisco en Valladolid y, posteriormente, sus restos fueron trasladados a la capilla de Santa Ana del Monasterio de la Cartuja en Sevilla en 1509.

El almirante Cristóbal Colón